CABANILLASPORELMUNDO

Una inmigrante más en Londres

El día que me arrestaron y pasé la tarde en la comisaría

Voy a contar lo que me pasó ayer. Al final me van a quedar pocas cosas por hacer en Londres…

Este fin de semana he estado en Londres en la casa de la familia del padre de la niña. El sábado dormí allí y el domingo me levanté y me fuí de compras por el centro. El padre me había ofrecido su Travelcard (abono de transporte) para que no tuviese que pagar si quería coger el metro y los buses y yo acepté para ahorrarme unos duretes. Nada hacía presagiar que esto iba a terminar como el rosario de la Aurora…

Hice mis compras y me cogí el bus de vuelta a casa con la mala suerte de que entraron pocos minutos después, dos señoritas revisando los tickets. Y ahí fue cuando me cagué la pata abajo. Yo no podía enseñar el ticket del padre porque tenía el miedo de que me lo quitasen, él se quedase sin ticket y tuviese que pagar uno nuevo, o sea, un pastón porque es un ticket anual. Para más inri, no llevaba ni la tarjeta con mi foto, se me olvidó en casa y me dejó la madre la suya. Total, que iba con el ticket del padre y la foto de la madre…

Primera idea que pasó por mi cabeza: salir corriendo en la siguiente parada, pero no había escapatoria. Las señoritas estaban muy gordas y no iba a poder realizar la maniobra adecuadamente.

La segunda idea fue enseñar la Oyster, que por supuesto, no había pasado al entrar, y cuando me dijesen algo, ya me inventaría una excusa, que para eso soy actriz. Y exactamente, eso fue lo que hice, apostar por mis dotes interpretativas.

Le doy la Oyster a la señorita y piiiiiiiiiii, luz roja.

– Esta Oyster no se usa desde el mes de Marzo, me dice la señorita bigotuda.

Yo contesto que no lo entiendo, que habrá un error o algo. Total, que me dice que me levante y nos vamos hacia el conductor, el cual se acuerda de mi cara y dice que yo he entrado enseñando una Gold TravelCard. Maldición! Por qué se ha quedado con mi cara? La próxima vez me disfrazo un poco…

Así que las señoritas me insisten en que me busque en los bolsillos, que algo tengo que tener. Y yo erre que erre, que no. Así que a la siguiente parada me invitaron a bajar del bus y a que siguiese buscando en mis bolsillos.

Yo no daba mi brazo a torcer, empecé a llamar a los padres para contarles lo que pasaba y no me cogían el teléfono. Las señoritas ya suspiraban y me miraban con cara de odio. Yo por momentos le veía crecer el pelo del bigote a mi amiga la revisora…

Ellas empezaron a amenazarme con llamar a la policía a lo que yo respondía, hazlo, y ellas se desesperaban más.

– Danos la tarjeta que llevas y no es tuya, es propiedad de la empresa de transportes. La tipa me saca una plaquita y me dice que eso le da “poderes” para registrarme y quitármela. A mi aquí la situación ya me empezó a divertir.

Tenía claro que ellas no me iban a tocar un pelo, con placa o sin placa. Y por su forma de actuar, ellas tenían claro que tampoco lo podían hacer. Yo, un poco para ganar tiempo también y poder hablar con la familia, seguía insistiendo en que llamasen a la policía.

Así que, a la comisaría que fuimos. Y dio la casualidad de que estaba al ladito nuestra.

Entramos, le explican la situación al poli y le dicen que salga una mujer a registrarme. No debía haber mujeres en ese momento porque volvió el mismo y entramos para una sala. El poli me dice que estoy “arrested”.

Allí empezaron a preguntarme de todo. Ellos se creían que era una ladrona profesional y iba mangando todo lo que podía. Me buscaron por todas mis cosas en busca de algo que no fuese mío. Tuve que dar explicaciones de por qué llevaba la tarjeta de la biblioteca de la niña! Me vacilaron un poco, y en vista de que ni contando la verdad, se la creían, empecé yo también a vacilarles un poco.

Cuando me decían algo y no lo entendía, no se lo creían. Mis amigas las revisoras le dijeron al policía que hablaba inglés perfectamente y claro, cuando no le entendía, se creían que me reía de ellos. Luego hubo alguna pregunta que no estaba segura de querer responder y utilicé el comodín de ” no entiendo”. También me dieron una libretita para que apuntase mi dirección y puse la de España, jeje. O me preguntaron que dónde había nacido, y por no estar deletreando B-a-d-a-j-o-z, le dije que Madrid que todos lo conocen y santas pascuas.

A todo esto, por fin me llama el padre y le cuento la situación y habla con el policía. Y como yo había contado algunas mentirijillas, nuestras versiones se contradecían un poco… El poli ya no sabía qué creer.

El caso es que la situación ya se fue aclarando, se dieron cuenta de que no era una ladrona, les dije que me habían dejado el ticket porque no tenía dinero, lo cual era muy gracioso porque venía de compras, menos mal que sólo llevaba una bolsa con un vestido, el cual también estuvieron revisando detenidamente. Yo ya me estaba imaginando a la gorda probándose mi vestido y reventándole… La cosa se quedó en eso.

Desde que hablaron con el padre, hasta que llegó a ” rescatarme”, el policía se dedicó a rellenar la “recetita” que luego me dieron y que podéis ver más abajo. Me hicieron hasta levantarme para calcular mentalmente cuanto medía. Ridículo. Todo muy rudimentario, había un ordenador en la mesa pero en las comisarías de aquí debe ser que les gusta más el papel y el lápiz de toda la vida.

A todo esto, yo con el móvil comentando la jugada a amigos y familiares por Whatsapp. Cuando el policía se percató del tema, me dijo que pusiera el móvil encima de la mesa y no lo volviera a usar hasta estar fuera de la comisaría. Con lo bien que lo estaba pasando yo retransmitiendo mis aventuras en directo!

Llega el padre por fin. El poli sale a hablar con él primero y le explica el tema. Luego vienen los dos y hablan con las señoritas y le explican lo que hay que hacer. Creo que la multa fue de 40 libras, que pagó el padre.

Recogí mis cosas, me extendieron la receta y nos fuimos para casa.

Después comprendí que podría haber enseñado la TravelCard sin ningún problema, debido a la falta de luces de mi amiga la bigotuda y su acompañante, incluso llevando la foto de otra persona.

Luego me contaba la madre que la niña había estado llorando preocupada por mi, que quería ir a rescatar a Laura de la cárcel. Me la como.

Luego, toda la tarde con las bromitas de Laura la delincuente, Laura la ladrona, Laura y sus amigos los policías, Laura y la cárcel…

En fin, lección aprendida. No hagáis cosas malas, amiguitos, si no queréis terminar en una sucia comisaría.

 

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2 comentarios el “El día que me arrestaron y pasé la tarde en la comisaría

  1. Au pair - Analía Vila
    20 de mayo de 2013

    Creo que no deberías haberte hecho tanto la graciosilla, y dejar de mentirles, así todo habría salido mejor, porque obviamente si ven tu DNI saben que no eres de Madrid, y cuantas más mentiras digas más van a sospechar, y estás ante la Policía, no ante unos profesores, además de que posiblemente te huvieras ahorrado la multa. Peeeeeeero de todo se aprende. 😉

    • cabanillasporelmundo
      20 de mayo de 2013

      Puedes tener razón, tampoco me pasé de graciosilla y solo lo hice reaccionando a sus vaciles, ellos se pasaron más conmigo que yo con ellos. Lo de las mentiras se me fue de las manos un poco, pero fueron cosas sin importancia, es que me tenían mareada.

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